(Pucallpa) Pescada por Yarinacochas
Por Shirley Herrera
Una vuelta por el Nor Oriente peruano
Fuente: Experiencia personal



Algunos referentes...
Atractivos
Lambayeque
- Sipán
- Sicán
- Túcume
- Ferreñafe
- La Cruz de Motupe
- Ucupe
- Balneario de Pimentel
Chachapoyas
- Museo de Leymebamba
- Sitio arqueológico de Kuélap
- Catarata de Gocta
- Complejo arqueológico – Revash
- Sarcófagos de Karajia
- Laguna de los cóndores
- Complejo arqueológico – Gran Vilaya
- Complejo arqueológico – Macro
- Bagua
Cajamarca
- Cumbemayo
- Ventanas de Otuzco
- Hacienda La Collpa
- Baños del Inca
- Santa Apolonia
- El Cuarto del Rescate
- Laguna San Cristobal
La motivación clave para hacer esta ruta se llama Chachapoyas. Por motivos de trabajo fui por primera vez en el año 2007. Si bien es cierto, ya había viajado a varios lugares del Perú, ésta fue de las rutas paisajísticas más bonitas que he podido ver, de la selva a su ceja.
Una vez llegada a la ciudad de Chachapoyas, la ciudad tranquila, calles angostas, casitas coloniales y un par de turistas con bastones para trekking, me hacían recordar a Cusquito pero la nostalgia fue de forma diferente. Hubo un día libre, y no dude en aprovecharlo; así enrumbamos a la fortaleza de Kuélap, y fue ahí donde se inició mi conexión con los Sachapuyos.
Años después volví, hice la misma ruta Lima – Tarapoto (Vía área) para después enrumbar 8 horas hacia Chachapoyas, que realmente son seis horas pero la ruta de transporte público tienen imprevistos. Para ser una persona que no le gusta mucho el calor, me enamoré en dos días, de la naturaleza, lagunas, cataratas, comidas, café, diversión en Tarapoto y las orquídeas de Moyobamba.
Siguiendo la agenda Nor Oriental, tomamos el colectivo público “Turismo Selva” hacia Chacha. Nuestra primera aventura mañanera fue rumbo a Cocachimba, punto de inicio para el recorrido a Gocta; ocho horas de ida y vuelta caminando valen la pena cuando quieres ver la tercera catarata más grande del mundo.
Terminada la primera faena hice por segunda vez Kuélap, había mejorado su ingreso turístico, una mejor señalización en los recorridos hacia la fortaleza, y todavía las fachadas de las viviendas del pueblo de María mantenían esos trazos Chachapoyanos, indicando que esas dos horas se convertían en minutos para la llegada. Al día siguiente, teníamos que volver a Tarapoto porque nuestro vuelo a Lima salía por la noche, pero dijimos, volveremos para hacer la Laguna de los Cóndores.
Y así fue, casi un año después lo hicimos pero por una ruta diferente. Tomamos un vuelo Lima – Cajamarca – Lima, después de un día de quesitos y manjar blanco, partimos muy temprano hacia Chachapoyas.
Nuestra primera parada fue en Celendín, que con mensajes a cada rincón de “Agua sí, Oro No” nos integraban a un #CongaNoVa. Seguimos, y la siguiente parada fue Leymebamba, ¡Qué pueblo! Ganas de quedarse ahí vivir decía yo, pero teníamos que seguir y recorrer esa angosta ruta a lado de río Utcubamba, que en época de lluvias se ve más cerquita de lo que imaginas.
Resumiré, pues ya llevo 2,100 caracteres; llegamos a Chacha otra vez, nos encontramos con nuestros amig@s e hicimos Luya, Revash, Karajia, y regresamos a Leymebamba para hacer la Laguna de los Cóndores. Nuestros amigos leymebambin@s decían que no lo hagamos porque la lluvia estaba fuerte y podía ser muy peligroso. Aceptamos el consejo y nos quedamos ahí por 3 días. Sin duda, ese fue uno de los años nuevos más bonitos que he tenido, con una estrella fugaz incluida.
El segundo día de enero nos revelaba que teníamos que seguir, volvimos a Chachapoyas para tomar el bus hacia Chiclayo (salidita de noche y llegadita por la mañana), y directo al Mercado para su juguito de fresa y papaya más. Lambayeque, ya era un lugar bastante conocido por nosotros, pero esa vez nos quedamos alojados en la casa de mis prim@s, que ahora son mis compadres. Después decidimos estar un poco más cerca al mar y nos quedamos unos días por Pimentel, agregando unas dosis de cultura por Sipán y Sicán otra vez, para no perder la costumbre.
Después de 4 días, tocaba ir hasta Cajamarca para el vuelo de regreso a Lima. Felizmente llegamos súper bien, otra vez las vaquitas obedientes, la caminata a Santa Apolonia, baños del inca, y el cuarto del rescate que como acto de masoquismo, siempre lo volvemos y volvemos a ver.
Y así fue, la aventura ¿Volveremos? Sí, la Laguna de los Cóndores sigue siendo nuestro objetivo.
Artículos relacionados












































