(Pucallpa) Pescada por Yarinacochas
Por Shirley Herrera
El Cumple del Cusco
Hace ocho años la vida me llevo por tercera vez al Cusco, un evento cultural con el municipio local fue cómplice de mi motivado viaje. Era la fecha del Corpus, el mundial Alemania 2006 alborotaba los bares la ciudad imperial y con mi camiseta verde amarelha me colaba con la torcida brasuca. Nadie se atrevía a presagiar que esas dos semanas de faena se convertirían en un año. Por primera vez había encontrado un lugar donde mi energía tenia una misma potencia, el cortocircuito era posible y no tenía miedo a nada.
Los meses pasaron y el ocio inteligente se convertía en el enemigo más poderoso de mi nutrición pero el deseo de no querer regresar a Lima, me hicieron ser algo responsable y dominar esas fieras inmaduras que quizás todavía siguen dentro de mi pero en una cura de sueño. Mi sendero estaba iluminado más NO luminoso, la soledad tuvo amigos, esos de los que hablan tanto los filósofos de barrio. Esos amigos que conoces en un festival de música, te piden que les tomes una foto y hasta hoy lo sigues haciendo. Aquellas amistades que te alojan en su casa, te presentan a tu «nueva familia adoptiva» con la aprobación de la real, te invitan a sus exposiciones de fotografía y te llevan a conocer tradiciones andinas desafiando el físico costero por la altura de esta mágica ciudad.
El cigarrito en las gradas de la catedral, la sopita de moraya en la cena, ese trozo de queso naufragando en el café, frutillada, ponche de habas y el pan wawa a finales de octubre. El descansito dominguero en la plaza de San Blas, las continuas visitas al estadio con la lluvia de noviembre, y ese aliento de fuerza en los momentos más tristes cuando no te puedes despedir de un ser querido.
Las llamadas nostálgicas de tu familia y amigos desde la ciudad capital, los curiosos sobrinitos que te despiertan con tan solo mirarte, la travesía de vivir en una calle angosta en un domingo de carnavales. Las visitas sabatinas al baratillo y la compra de webaditas en el Molino.
Una propuesta laboral desvió mi camino pero era en definitiva el pase a más Perú con gente maravillosa y unos Carlitos que me siguen jodiendo aunque ya no trabajemos juntos. La fiesta de despedida cusqueña, -interminable por cierto- se convirtió al transcurso de los años en un ¡Hola! ¿Cuando llegaste? y en un …..¡Hola! ya me voy.
¿Vamos para la bendición del Taytacha? ¿Vamos para fiestas patrias? ¿Vamos para el Corpus? ¿Vamos para el Inti Raymi? ¿Vamos para el Pukllay? ¿Vamos para tú santo? ¿Vamos para año nuevo? Y así nuevamente la vida te lleva a conocer nuevas personas y reconocer con medallas de oro a las viejas, amistades.
No me gusta tener deudas pero aquí debo. Aquí debo agradecer a la pachamama por dejarme entrar a un terreno mágico, por presentarme a mis paisas tan pajuchas, nuevas culturas con idiomas diferentes y dejos singulares que a pesar de que haya un charco de por medio y las fronteras se te hacen tan lejanas siempre están ahí, en el recuerdo de cada viaje ò en un facebookiano mensaje.
Ahora en Lima, mi vida no es la misma. Terminaba el mundial de Sudafrica 2010 y mi soledad» conoció al «Complemento» y decidieron ser más que amigos para toda la vida.
¿Y por qué escribo todo esto? Pues estoy actualizando esta nota, simbólicamente Alemania 2006 es ahora Brasil 2014, hace un año y medio que no visito la ciudad del Cusco pero convivo amicalmente con cuatro geniales arquitect@s cusqueñ@s, que me recuerdan cada día la esencia de ese mágico lugar y al decirles ¡FELIZ DÍA CUSCO! me teletransporto a todo lo vivido una vez más.
¡HAYLLI QOSQO WAYQUEPANAYKUNAS!
FDE. Disculpen la redacción, estoy oxidada pero me apeteció hacerlo.







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